sábado, 4 de julio de 2020

Lingüística y estigmatización

Breve escrito de sábado por la mañana.

Creo que estudiar una lengua o dialecto permite visibilizar positivamente a una minoría. La gramática (como disciplina) ha contribuído a eliminar barbaridades del tipo "la lengua X tiene un sistema fonológico extremadamente simple que se correlaciona con la 'simpleza cultural' de sus hablantes". Si bien este tipo de cosa todavía se escucha en algunos lugares (e.g., Everett 2005), el estudio detallado de las formas lingüísticas ha llevado a demostrar que detrás toda diferencia gramatical existe un sistema hermosamente sofisticado, que brinda un conjunto de mecanismos alternativos para expresar el pensamiento.

Por supuesto, lo mismo aplica a la variación dialectal. Y he aquí el punto. Como es sabido, hay hablantes que lo único que escuchan acerca de su dialecto es que "así no se habla". En este contexto, les resulta muy grato cuando alguien les dice que su forma de hablar es científicamente interesante porque las diferencias que manifiesta con respecto a la norma se observan de forma ubicua entre diversas lenguas, y estudiar esas diferencias permite avanzar el entendimiento de cómo funciona el lenguaje a nivel general. Es casi cómico, pero he visto muchas veces que una afirmación del tipo "algo parecido a lo que haces vos pasa en varios dialectos del alemán" puede poner de mejor humor a un informante. Asumo que se debe al pequeño descubrimiento de que la estigmatización de una forma lingüística en realidad no tiene nada que ver con esa forma en particular, sino que es una mera excusa para marcar diferencias. Sería lindo no tener que atestiguar estas situaciones y que hubiera una mejor formación lingüística en la escuela. Nada demasiado complejo, simplemente que se introduzca la idea de que la lengua se parece más a una caja de herramientas que a un elegante vestido de gala. Se podría enseñar eso en vez de machacar horas y horas con el género epistolar y otros temas igualmente soporíferos.

Hay mucha racionalización detrás de la estigmatización lingüística, y creo que cabe hacer un mea culpa y aceptar que en muchos casos proviene de los propios lingüistas, e.g., ¿cuántos patrones de doblado que se desvían de la norma son tratados de "redundantes" por algunos autores? Ya que están, ¿por qué no tildan de "redundantes" todas las formas de concordancia que exhibe el español?

Hay un tipo de paper que nunca me gustó leer. Son esos trabajos sociolingüísticos en los que únicamente se establece una correlación entre una determinada forma y una variable social, e.g., nivel educativo; si esto es todo lo que dice el trabajo, me suena a que lo único que hace es verificar en términos cuantitativos la diferencia en la que se basa el "así no se habla". Obviamente, es trabajo que se debe hacer, pero siempre me pareció que sin una adecuada discusión gramatical de los datos, la contribución de estos artículos termina siendo un reforzamiento de los rasgos que caracterizan a las variantes prestigiosas. Seguramente sea mi prejuicio como gramático, pero la distribución sociolingüística de un fenómeno es la punta del iceberg: lo interesante es discutir los mecanismos lingüísticos (i.e., fonológicos, morfológicos o sintácticos) distintos que subyacen al uso de formas diferentes. Creo que solo la discusión pormenorizada de los principios que determinan una diferencia lingüística permite dar valor a esa diferencia, y no solo describirla como diferente.

O sea, quiero más gramática en todas partes. Qué sorpresa.

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